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El uso de la vivienda tras el divorcio

La sentencia del Supremo sobre el uso de la vivienda tras el divorcio que ha ocupado las portadas durante las últimas semanas de noviembre abre la puerta a que se revisen muchos casos en los que el cónyuge que tiene la custodia además ostenta el uso y disfrute de la vivienda.

La naturaleza de la vivienda: la cuestión determinante

Normalmente, con el objetivo de salvaguardar el interés de los menores, es el cónyuge quien tiene el uso y disfrute de la vivienda puesto que es quien tiene la custodia: esa vivienda es la vivienda familiar, es decir, donde viven los niños.

Esta circunstancia responde fundamentalmente al interés del menor, cuyo acceso a la vivienda y bienestar debe estar garantizado en todo caso.

Sin embargo, el disfrute de la vivienda por parte del progenitor que tiene la custodia respondía a una condición más, o así lo ha interpretado el supremo: la vivienda se trataba de un inmueble destinado a alojar una unidad con carácter familiar.

Y es precisamente por esta circunstancia que la introducción de una nueva pareja en esa vivienda hace que el cónyuge pueda perder el disfrute de la casa, puesto que cambia el estatus del domicilio familiar.

Cuando se adquirió la vivienda, mientras el matrimonio aún era tal, se compró con el objetivo de que sirviera como lugar de residencia de la familia. Por ello, el juez que resolvió el divorcio asumió que el uso de la vivienda debía ser para el cónyuge que disponía de la custodia.

Sin embargo, con la introducción de una nueva pareja, no se da la circunstancia definitiva para asociar el uso de la vivienda a ese progenitor: la vivienda ya no sirve para cumplir con su objetivo inicial.

Las objeciones

Frente a las polémica originada contra esta decisión del Supremo, la comunicación del Gabinete Técnico de la Sala Civil del Tribunal Supremo es claro: “el interés de los hijos no puede desvincularse absolutamente del de sus padres, cuando es posible conciliarlos”.

La Ley del Menor establece que el interés del menor debe ser respetado de forma prioritaria, sin olvidar una valoración de los derechos fundamentales de otras personas que pudieran verse afectados y aunque primara el interés del menor.

Sin embargo, como se indica en la Sentencia, la pérdida del uso y disfrute o del carácter de vivienda familiar, no obliga al progenitor que ostenta la custodia a abandonar la vivienda. Al contrario, esta persona podría seguir ocupándolo si adquiriese la mitad o se produjera la venta del inmueble y adquiriese otro.

La avalancha de consultas

Esta Sentencia sienta un precedente que puede cambiar las condiciones de vida de numerosas familias. La complejidad humana y legal detrás de un divorcio se incrementa si existe una propiedad en régimen de gananciales, y puede hacerlo aún más en función de la asignación de la custodia de los hijos.

A la obligación ineludible y evidente del progenitor que debe abandonar la vivienda de contribuir con el bienestar de sus hijos, se añade la presión económica de crear un nuevo hogar para sí mismo.

La posibilidad de que la venta de la vivienda vuelva a ser una opción en casos en los que, al menos mientras los menores siguieran siéndolo, no lo sería, ha generado una oleada de llamadas en los despachos de abogados de todo el país.

Si te encuentras en cualquiera de los lados de esta situación y necesitas asesoramiento, recuerda que siempre estamos disponibles para ayudarte.

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