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LA FACTURA SIMPLIFICADA

En numerosas ocasiones nos encontramos en el día a día con esos “papelillos sospechosos” que nos aporta el cliente con el fin de que los contabilicemos, para deducir el gasto correspondiente y el IVA. En ocasiones son simples tickets que no ha lugar contabilizar. Pero en otras ocasiones se trata de facturas simplificadas y con estas nos entran las dudas de si se pueden contabilizar o no….

Qué es

El concepto de “factura simplificada”, se utiliza desde que el 1 de enero de 2013 entró en vigor el Real Decreto 1619/2012 de 30 de noviembre, donde se regulan las obligaciones de facturación y en virtud del cual se sustituyen los conocidos “tickets de compra” (aunque coloquialmente se siga utilizando esta expresión), por facturas simplificadas.

Esta factura es la que se debe de emitir por compras o servicios prestados en actividades en las cuales antes era suficiente un ticket.

El formato es parecido al de una factura normal, pero le falta alguno de los requisitos imprescindibles para poder considerarla factura convencional.

Cuándo se expiden

Estas facturas se puede expedir cuándo el importe total de la compra o del servicio prestado no supere los 400 €, cuando se emitan facturas rectificativas (aunque rectifiquen facturas convencionales), o para importes que no superen los 3.000 € (IVA incluido) en los supuestos que se recogen en el Art. 4.2 del Real Decreto 1619/2012 de 30 de noviembre.

No son válidas en las siguientes situaciones

No se pueden utilizar las facturas simplificadas en operaciones con países de la Unión Europea, ventas a distancia y de bienes regulados por impuestos especiales, ni en el caso de operaciones no realizadas en territorio nacional donde se tenga que emitir obligatoriamente la factura normal.

Cuándo se podrían deducir

Cualquier empresario, profesional o persona física que pueda ejercer derechos tributarios de cualquier índole, puede deducirse el IVA de este tipo de facturas siempre y cuándo, el emisor haga constar en ella sus propios datos fiscales, la fecha de la operación, un número de factura y la serie en su caso, su nombre y apellidos o razón social, la dirección y la cuota de IVA aplicada (también se admite el concepto de “IVA incluido”), la contraprestación total, el N.I.F o C.I.F. del destinatario, y su domicilio. En ningún caso se pueden exigir al emisor más datos que los que figurarían en una factura normal.

Todo ello, sin perjuicio, de que para su deducibilidad, deben ser compras o adquisiciones relacionadas con la actividad económica que desempeñe el empresario o profesional en virtud del Principio de Correlación de Ingresos y Gastos.

Respecto a nuestro criterio…

Si la factura simplificada que nos aporta el cliente presenta algún defecto de forma por carecer de alguno de los datos esenciales por deterioro u otra causa, éstos no son claramente legibles o tenemos dudas razonables de que se trate de un gasto relacionado con la actividad, lo consideraremos gasto no deducible. Y en el caso frecuente de que haya sido pagado por medios de tesorería distintos de los de la empresa, directamente debemos desecharla.

Factura simplificada

 

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